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lunes, 25 de noviembre de 2019

Maratón de Donostia-San Sebastián: 2h38'57

Sigo en la pelea. Ha llovido mucho desde que con 19 años me planté en mi primer maratón, cada año sigo haciendo mis dos intentos en la distancia, y las he visto de muchos colores. Ayer tocó uno de mis peores días, no en el tiempo final, que no se me fue demasiado, pero sí en el infierno de los últimos 3 kilómetros y el “número” que monté a mi pesar en meta.

Antes de la salida llovía con ganas, y hablaba con Andoni Sudupe de si merece la pena lo que hacemos. Después, al acabar, estaba casi convencido de que no. Casi.

En la salida me situé demasiado atrás, llegué un poco justo y me daba cosa abrirme paso hacia delante. Así que el primer kilómetro fui adelantando gente en zigzag y por las aceras. Me extrañó pasar a tanta gente que claramente salía por encima de 4’ el kilómetro desde el cajón de sub 2:45 y sub 1:20. Pero bueno, culpa mía. Después ya sin tanto agobio seguí adelantando gente buscando el grupo de Andoni y las chicas, con los que contacté sobre el kilómetro 3. Las africanas parecían ir bastante más lento que el ritmo sub 2:32 que habían anunciado (incluso por encima de 2:40), así que cuando vi que Asier Cuevas tiraba para adelantar para contactar con una chica blanca, me la jugué y fui tras ellos. Así formamos el grupo con el que me mantuve la mayor parte de la carrera. La primera vuelta como es habitual en mí con algún apuro, haciendo a veces la goma cuando Asier Cuevas metía algún cambio de ritmo. Y ya después en mi línea, más cómodo, después de pasar la media en 1h18:30, y hacer los siguientes  kilómetros hasta el 30 un poco más rápido.


En el 32 ya no iba a gusto. En un nuevo cambio de ritmo, por la zona de la Concha, me quedo cortado con otro chico y decido no intentar volver a enganchar y poner ritmo sobre 3’50 hasta meta, calculando que podía hacer 2:37-2:38. Vamos un pelín más rápido que eso, pero en el 37 de forma bastante brusca empiezo a encontrarme mal. En algunos tramos intento trotar un poco, pero bajando la intensidad el malestar sigue siendo el mismo, por lo que tiro para adelante. Sé que si me paro un momento a andarya no podré volver a ponerme en marcha, así que me concentro en dar un paso delante de otro. Pasado el km 40 se me hace eterno, hasta que no llego a la pista a falta de 300 metros no estoy seguro de poder acabar. Llego y sólo puedo agarrarme a una valla para no caerme, mareado y agotado hasta mis últimas reservas. La gente de la Cruz Roja me atiende de maravilla y al de un rato me siento capaz de salir de allí por mi propio pie.

Llegué a asustarme un poco. Pensé que debo replantearme las cosas. Sé que todavía no estoy preparado para dejar de correr maratones. Físicamente estoy bien y me sigue motivando. Pero debo aceptar que no puedo ir tan al límite. Puede que ayer estuviese un poco mermado porque pasé la semana con un poco de catarro. Puede que simplemente fuera un pelín por encima de mis posibilidades. En cualquier caso, para hacer 2:38:57, que fue mi tiempo neto final, no me merece la pena jugármela así. Qué me costaba ser un poco más conservador yendo a ritmo de 2:39 en vez de 2:36. Si tengo fuerzas siempre se pueden sacar al final, sufrir a gusto como el año pasado. Tengo que ser consciente y asumir que si no llego a 100 kms/semana no puedo empeñarme en hacer tiempos que
sí conseguía cuando metía 120 o más.

Bueno, maratón número 39. Pone fin a mi etapa en el club Beste Bira de Loiu, en el que he estado muy a gusto y con el que quería dejar el mejor sabor de boca posible. Para la próxima temporada vuelta a Korrikazaleak Rekalde.

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